sábado, 30 de julio de 2016

Soñar mundos posibles

La idea de justicia del siglo XXI se ha modificado alguna vez lo humanidad pensó que era justo cuando se les daba a todos los mismo.
Era un solo "pastel" y las porciones eran iguales (o se pretendía que fueran iguales) para todos. No importaba cuanto hambre tenía, tampoco importaba si no quería la porción, era justo so tenían todos los mismo.

Llevado a la educación eso implica que todos los alumnos son iguales, tienen las mismas necesidades y hay que trabajar con el mismo contenido, las mismas actividades,y teniendo la misma evaluación.

Hoy no creemos que sea justo cuando todos tenemos lo mismo, sino que es justo
cuando obtenemos lo que necesitamos, y por supuesto que no todos necesitamos lo mismo, en el mismo momento. Algunos necesitamos un pedazo de pastel más grande, otros más chico, o un pastel con menos azúcar o con otro tipo de harina...

Llevado a la educación es reconocer que no todos los alumnos son iguales, no todos tienen las mismas necesidades e intereses por lo que no podemos trabajar con todos de la misma manera.
Esto para el docente implica todo un desafío ya que hay que salir de la zona de confort, salir de donde estamos cómodos y seguros a investigar a conocer, ha hacer preguntas equivocarnos y seguir aprendiendo... pero con la certeza de que no podremos volver a la zona de confort nunca más ya que siempre cada año tendremos volver a comenzar.
El reconocer que no existen alumnos normales y alumnos especiales  ("anormales"), es reconocer también que no existen docentes comunes y otros especialistas, que son los que se van ha encargar de los estudiantes de esos alumnos especiales. Siguiendo el razonamiento, estos alumnos "especiales", son nuestro problema.
Estar dispuesto a recorrer el camino es muy importante.

La pregunta que sigue es ¿cómo hago para darle a mis estudiantes lo que quieren?
No es sencillo, pero no es imposible, lo primero que necesitamos es conocer a nuestros alumnos.


Conocerlos:
  • ¿Cuáles son sus intereses?
  • ¿Cómo aprenden?
  • ¿Qué necesita aprender?
  • ¿Qué conocimientos previos traen?
  • ¿Cómo leen?
  • ¿Qué comprenden?
  • ¿Cómo es su letra?
  • ¿Qué le gusta?
  • ¿Qué le disgusta?
Está pregunta lleva a otra ¿cómo hago para saber todo esto de mis estudiantes?
Con un buen diagnostico, que seguramente nos lleve algún tiempo, no es una sola instancia, sino un conjunto de actividades que nos va ha llevar a descubrir quienes son los que tenemos sentados en el aula.

Cuando tengamos claro este punto comenzaremos a planificar las actividades diferenciadas para alumnos diferentes.

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